Minako Seki en Ko-Panqui: Butoh contemporáneo en tierras del sur de Chile. 

Worldwide Moving School. Formación de Profesores del Método Seki.

Por Felipe Baeza Bobadilla¹

I
El viernes 27 de febrero de 2026, tuvimos la fortuna de asistir a una Noche de performances dirigida por Minako Seki (Nagasaki, 1961), artista, maestra y referente fundamental de la Danza Butoh contemporánea. El evento fue organizado y realizado en Centro Artístico Ko-Panqui y vino dar cierre a más de un mes cargado de actividades y talleres en torno a esta práctica artística, orientados a profesionales de diversas disciplinas y a la comunidad de la Región de la Araucanía en general.

Bajo el título de Seki Method Dance Festival, tanto la maestra Minako Seki como sus estudiantes (Edegar Starke, Svenja Graad, Aisha Serrano, Camille Lacadee, Viktória Köhalmi, Cecilia Sur y Metzeri ManDel) provenientes de distintas partes del mundo, exhibieron una serie de performances individuales y colectivas creadas a modo de site specific, es decir, ideadas a partir de la personal e irrepetible experiencia física y emotiva con el deslumbrante paisaje natural de la comuna de Curarrehue en el que se emplaza el Centro Artístico Ko-Panqui.

A las 17:00 horas de aquel viernes una copiosa lluvia dio inicio al festival, sorprendiendo a artistas y a espectadores por igual. En vez de entorpecer la actividad, la lluvia y el frío actuaron como singular telón de fondo que aunó las presentaciones bajouna impronta ritual, predisponiendo a las y los asistentes a una experiencia de tintes intrigantes. Situación tan enigmática como la performance inaugural del festival, ejecutada por la mismísima Minako Seki: ella a la intemperie, el público el público al interior de una sala

 

resguardados –momentáneamente– de la lluvia; su cuerpo provisto solo de vestimentas sutiles, el nuestro protegido por telas impermeables; ella camuflada entre la húmeda vegetación, nosotros cobijados mientras advertíamos con sorpresa su presencia; ella y nosotros separados por un ventanal dando inicio –casi sin saberlo– a la Noche de performances. A través de su inesperada aparición, Minako puso en obra uno de los principios clave de su método para la Danza Butoh contemporánea, a saber, lo in-between: un paralelismo entre situaciones, realidades, sentires que, no obstante su aparente oposición, se complementan en una armonía que articula el todo. Desde la situación exterior-interior descrita hasta el diálogo de su cuerpo fluctuante con la vegetación activada por el viento y la lluvia, se ponen en evidencia modos de ser que interactúan y se resignifican mutuamente.

II

 

Minako Seki tuvo la gentileza de conversar con nosotros y responder algunas preguntas relativas a su vida, su formación artística y a la experiencia misma del festival de performances desarrollado en Ko-Panqui.

Antes de abordar los asuntos particulares que nos compartió respecto a su método, es necesario señalar que el Butoh brotó de una reacción general de las artes escénicas tras la Segunda Guerra Mundial, en Japón pero también en Europa y EE. UU. “No fue solo una respuesta a la bomba atómica –nos aclara Minako–, era el zeitgeist (espíritu de la época)».²

Según la antropóloga chilena Gabriela Barra Arellano, el Butoh, también conocido como danza de las tinieblas u oscuridad, “puede entenderse como una técnica entre lo teatral y lo dancístico que rehúye a las determinaciones totalizantes”, en la que los intérpretes buscan “encontrar y revelar su relación con su mundo interno y el inconsciente, al mismo tiempo que se espera una despersonalización, donde ‘algo’ y no ‘alguien’ se está moviendo”.³

En ese contexto, específicamente en 1959, nació la danza Butoh, cuyos fundadores fueron Kazuo Ohno (1906-2010), Tatsumi Hijikata (1928-1986), Yoshito Ohno (1938-2020) y Mitsukaka Ishii (1939-2017). Estos artistas “utilizaron la danza como una manera de existir más que con el objeto del espectáculo, no querían hablar a través del cuerpo, sino que éste hablara por sí mismo revelando su verdadera profundidad”.⁴

Minako se formó bajo la tutela de Tamura Tetsurō (1950-1991) y Anzu Furukawa (1952-2001), convirtiéndola en representante de la tercera generación de este arte y tradición. A diferencia del “teatro físico” de sus maestros, Seki desarrolló su propio estilo. Nos cuenta que en 1987 fundó su propia compañía –la Tatoeba – Téâtre Danse Grotesque– en Berlín. “Allí comprendí que, más allá de ser europeos o japoneses, todos somos seres humanos. Tenemos similitudes y diferencias, pero lo importante es qué puedo hacer con esos distintos trasfondos culturales. Mi enfoque es extraer la singularidad de cada individuo”.

¿Qué sería esa “singularidad”? Pues las emociones. “Todos tenemos emociones: llanto, ira, risa, duda, ansiedad. Mis piezas siempre conectan el movimiento con lo emocional. Lo psicológico, lo físico y lo biológico están contenidos en un solo cuerpo”, afirma la maestra. Asimismo, el método Seki se funda en dos conceptos sumamente interesantes y, posiblemente, ajenos al hábito occidental: entender el cuerpo como una “bolsa de agua” y concebir la situación espacial humana como “colgando de la Tierra”. Veamos qué quiere decir esto.

“En mi trabajo enfatizo mucho la imaginación. Uso la imagen de que «colgamos de la Tierra» en lugar de solo estar de pie. Es un punto de vista universal: estamos suspendidos. Hacemos ejercicios de alineación y gravedad. Visualizamos el cuerpo como un recipiente fluido, una «bolsa de agua» donde la piel es la bolsa y el interior es 80% agua”.

Entendemos, por tanto, que la práctica artística de Minako Seki se funda en una visión filosófico existencial que subvierte nuestras preconcepciones respecto a la condición humana: descarta el predominio del estado sólido del cuerpo (aparato óseo y muscular) para vindicar su composición líquida; invierte nuestra relación segura y dominante con el planeta (el humano sobre la Tierra) para proponer una situación más frágil y dependiente de la naturaleza. Este giro respecto a la comprensión topológica del ser a nivel físico y metafísico pretende, tanto en lo concreto como en lo espiritual, que establezcamos una relación otra con los espacios que habitamos: ya no mecanicista sino fluida con el propio cuerpo; ya no despótica sino dócil frente a la naturaleza. 

A propósito, en términos de su método de enseñanza, Minako declara: “Entrenamos la relajación y el rebote (falling/bouncing). Si estás relajado, puedes moverte en todas las direcciones. La imaginación es infinita y cualquiera puede usarla si entrena. A partir de este concepto del ‘cuerpo de agua’ que cuelga de la Tierra, puedo explicar cualquier disciplina, desde danzas folclóricas hasta artes marciales. Todos estamos en la misma Tierra, bajo la misma gravedad. Es un concepto fundamental que comparto, no solo enseño”.